El libro de los vagabundos

Érase una vez, en el principio de los tiempos, un emperador que dominaba gran parte del mundo conocido.

Era un emperador joven, guapo, listo y como también era ambicioso, decidió que iba a convertirse en el que más poder tiene, el que más riquezas posee y el que más conocimientos acumula, más que nunca nadie.

Cuando ya ni siquiera sabía dónde acaban las fronteras de su imperio, ni dónde guardar sus tesoros y su palacio estaba lleno de bibliotecas y sabios, quienes discutían continuamente sobre filosofía y ciencia, oyó hablar sobre un libro.

Un libro que poseen los pobres y los vagabundos cuidándolo como su único tesoro y en el que, según la leyenda, está escrito el secreto de la vida.

El emperador mandó a su general para que acaparara ese tesoro.

Los soldados y espías se esparcieron por el ancho del imperio y encarcelaron a los vagabundos, los mendigos y los viajeros para averiguar dónde se encuentra el libro. Al final dieron con él, robándolo del saco de unos peregrinos.

Ansiosamente lo abrieron, pero solo vieron imágenes y garabatos. No lograron leer nada.

Llamaron a los sabios, pero ellos tampoco pudieron descifrarlo. Incluso lo metieron en los ordenadores y lo dieron a los robots, pero ellos únicamente repetían que no está en la memoria.

Desesperadamente sacaron de la cárcel el vagabundo más viejo.

El anciano abrió el libro y empezó a cantar, sin palabras, solo la melodía. Su voz grave y majestuosa llenó las salas del palacio y como el viento, sacudió los corazones de los que la escucharon.

Al terminar dignamente su canto, miró al emperador y solamente le dijo:

“En vano tienes poder, riqueza, y conocimientos, tú esto nunca lo comprenderás, porque es otra cosa, es algo diferente.”

 

Texto basado en la canción Hobo Blues Band

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