Las antelaciones: o ¿Pero porque enterrar a alguien en Galicia si le decapitaron en Jerusalén?

La verdad es que se sabe muy poco sobre el apóstol Santiago

hasta que de repente y milagrosamente encuentran su tumba  entre las malezas del bosque en el monte Libredón (cerca de la actual Santiago de Compostela) en 813.

 

Beato de Osma - Mapa Mundi 2-1

¿Pero porque enterrar a alguien en Galicia si le decapitaron en Jerusalén?

Al lado de la explicación que era una voluntad divina está lo que da San Jerónimo, Padre de la Iglesia, en el siglo IV, cuando  establece que cada apóstol al morir, debería ser enterrado en la misma tierra donde había predicado:

“Cada uno descansaría en la provincia dónde había predicado el Evangelio”

Pero ni de que el apóstol predicara,  ni de que le enterraran en Galicia no existía tradición española, ni existía ningún culto local en Iria Flavia a Santiago.
La primera vez que mencionan a Santiago después de su muerte escrita en los Hechos de los apóstoles es en el Breviario de los Apóstoles (Breviarum Apostolorum).
Es un escrito en latín que se redactó en Galia hacia finales del siglo VI o principios del VII resulta. O sea seis siglos después.
Y resulta ser la fuente escrita más antigua en la que se menciona a la predicación de Santiago el Mayor en las tierras de Hispania y su entierro en un sitio desconocido llamado Aca Marmarica.
El Breviarium llegó a la Península Ibérica pronto: ya lo conocían en el siglo VII autores como San Isidoro de Sevilla.
Luego, a finales del VIII, el Beato de Liébana en las montañas de  Cantabria, se redactó sus famosísimos Comentarios al Apocalipsis, libro obviamente muy difícil de leer, por eso después se le pondrán a estos comentarios ilustraciones (llamada “miniatura”), para que se entiendan mejor. El Beato en su libro, además de afirmar que Santiago predicó en España, dibuja un mapamundi, localizando la dispersión de los Apóstoles, y Santiago aparece colocado en una zona a la que llaman Aca Marmárica, que coincide con la actual Galicia.

Con esos conocimientos podemos comprender que porque Teodomiro, obispo de Iria Flavia estaba tan seguro que lo que descubrió era la tumba del mismo Santiago el Mayor.

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